Dinero a casa: fintechs de remesas conquistan a los migrantes latinoamericanos

Autor: Diario Financiero
Sol Park
Apr 7, 2021

En 2017, durante su primer año en Bogotá, Colombia, el venezolano Antonio José Linares Henríquez (39) trabajaba vendiendo hamburguesas y perros calientes. Era un buen negocio, que le permitiría ganar lo suficiente para sobrevivir con su esposa en esta nueva tierra, pero muy cansador y sin rentabilidad para enviar dinero a su familia en su país de origen.

“Como todo migrante, uno empieza de cero, hace la base tratando de buscar un empleo que le deje ahorrar, tener una calidad de vida mejor y mandar a Venezuela”, dice Linares Henríquez, quien hoy se desempeña como mensajero de Uber Eats, un trabajo que le permite generar un pequeño ahorro y enviar remesas, cuyos ingresos son de vital importancia para su familia en Venezuela.

Como él, la diáspora de 5,5 millones de venezolanos y 42,7 millones de migrantes latinoamericanos son los principales consumidores de servicios de remesas internacionales al enviar dinero a sus familiares. Según datos de la la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), en promedio, los migrantes envían a casa el 15% de sus ingresos y, una de cada nueve personas en el mundo (alrededor de 800 millones de personas) se beneficia de estos flujos.

Solo en 2019, según datos del Banco Mundial, los flujos mundiales de remesas ascendieron a un total de US$ 706.000 millones, de los cuales US$ 551.000 millones llegaron a países de ingresos bajos y medianos. En América Latina, las remesas constituyen una fuente importante de ingresos, particularmente para las familias pobres, y, en muchos casos, constituyen al menos el 60% de su previsión.

Pero con la pandemia y el golpe económico, a inicios de 2020, el Banco Mundial previó que las remesas mundiales caerían 20%, especialmente porque las medidas de confinamiento de países de envío de remesas dejaron a muchos inmigrantes sin trabajo y porque cerca del 80% de las remesas se realizan físicamente a través de un proveedor de servicios de remesas, cuyas agencias se vieron obligadas a cerrar parcial o totalmente.

Sin embargo, las remesas no sólo subsistieron durante el año sino que, en ciertos casos, fueron mayores que lo usual. Por ejemplo, el flujo de remesas a México aumentó un 9,4% en los primeros ocho meses del año, según datos del Banco de México, especialmente en gran medida por “los estímulos del gobierno de Estados Unidos, que han sido emitidos a su población en hasta tres ocasiones en los últimos 12 meses. Parte de este dinero ha sido enviado por sus beneficiarios a familiares en México y América Latina”, dice Andrés Fontao, cofundador y managing partner de Finnovista.

En octubre de 2020, el Banco Mundial actualizó sus predicciones de que las remesas globales disminuirían 14%, mientras que en América Latina estas se contraerían solo 0,2% en 2020.

Para muchos expertos, estas cifras demuestran el comportamiento altruista de los migrantes hacia su familia y comprueban la hipótesis de que las remesas tienden a ser anticíclicas: se incrementan cuando la situación del país de origen del migrante empeora. Además, con la disminución de opciones para realizar las remesas, los migrantes -como   Antonio José Linares Henríquez- han optado por vías heterodoxas para enviar dinero a sus familias y muchas recurrieron a canales digitales que se probaron más adecuados a sus necesidades, proveyendo rapidez, menor costo y simplicidad.

“Cuando mi madre me escribe por WhatsApp diciéndome que encontró un medicamento que necesita, pero se va a agotar en cualquier momento (una situación común en Venezuela) me meto en la aplicación Valiu, tititi y le envío US$ 30 a US$ 40. En 15 minutos, mi familia revisa la app, tiene su dinero y yo sigo con mi trabajo. Los otros medios son un fastidio”, dice Linares Henríquez.

Los otros medios

Entre los canales más tradicionales para enviar remesas existen los no oficiales, dirigidos por comerciantes en los países de origen y que tramitan transferencias al por menor, sin autorización ni formación jurídica. Según el estudio Sending Money Home del Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola de las Naciones Unidas (IFAD), este método es utilizado cada vez menos, pero todavía es predominante si la infraestructura local es deficiente.

El método más popular es el de los operadores tradicionales de transferencia, que son empresas que recogen el dinero en efectivo en el punto de venta y lo abonan al receptor en el país destinatario. Este canal representa más del 90% de todas las transacciones de remesas del mundo, pero al emplear agentes en los dos extremos de la transacción se convierte en un servicio caro y restringido. Pese a ello, muchas veces es la única opción para los migrantes latinoamericanos que no tienen acceso o solo un acceso restringido a servicios bancarios.

Ya, aquellos migrantes que sí tienen una cuenta bancaria también prefieren realizar sus transferencias en efectivo. Según el estudio De Estados Unidos a América Latina y el Caribe del laboratorio de innovación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID LAB), “utilizar una tarjeta de crédito o débito para pagar una remesa en una ubicación física agrega un costo extra al cliente: las tasas de intercambio de las tarjetas se suma al costo total de la transacción”.

Según el Banco Mundial, el promedio del costo para enviar US$ 200 a América Latina es del 5,97%, menor que el promedio global (7,45%), pero mayor que el 3% recomendado por los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. Además, el precio es mayor en los países de menores ingresos de la región. Por ejemplo, el costo de enviar dinero de República Dominicana a Haití se mantiene en 9%, aunque el 37,1% del PIB (producto interno bruto) de Haití de 2019 dependía del ingreso de remesas.

Pese a los altos costos, el estudio COVID-19 Crisis Through a Migration Lens del Banco Mundial es optimista al afirmar que “existen fuerzas compensatorias tales como el aumento de usos de servicios digitales, la competencia incrementada por el negocio y políticas gubernamentales en los países beneficiarios”.

Por otra parte, “el miedo a contagiarse al Covid-19 por el manejo de efectivo o por la visita a una sucursal, llevó a los usuarios de servicios de remesas a adoptar nuevas soluciones mediante el uso de tarjetas, apps móviles y soluciones fintech”, afirma Andrés Fontao de Finnovista. “Los actores tradicionales se han visto necesitados de introducir soluciones digitales para sus usuarios”, agrega.

Los nuevos actores

La acelerada demanda por servicios de remesas internacionales digitalizados despertó el interés del mundo financiero. Por ejemplo, el banco mexicano Bx+ firmó una alianza con Appriza Pay, un startup estadounidense de procesamiento de pagos, para crear un servicio de remesas. Por otra parte, la fintech de remesas chilena Global 66 levantó US$ 3,25 millones en enero de 2020 y, en agosto de ese año, anunció que obtuvo US$ 1 millón adicional.

En el caso de Vita Wallet, la plataforma chilena que permite realizar remesas a más de 35 destinos, suspendió su ronda de inversión semilla de US$ 500.000 porque, en menos de un año del lanzamiento del servicio (marzo de 2020) creció más de 2.000% en usuarios. La compañía terminó 2020 con 9.850 usuarios y, en marzo de este año, llegó a servir a más de 15.000 clientes, realizar 180 envíos diarios y transmitir aproximadamente US$ 5 millones al mes.

“No puedo darte un KPI, porque nuestras métricas se distorsionaron completamente con la pandemia al tener un crecimiento exponencial porque empezamos a cubrir personas que hacían envíos en efectivo y que pasaron a una forma digital”, dice el fundador de la aplicación, Moisés Zambrano. “Entonces nuestro plan quedó obsoleto y queremos reformular para algo mejor, porque estamos trabajando en un plan de expansión a Colombia y México”, agrega.

Una de las diferencias competitivas que ofrecen este tipo de empresas respecto a los canales tradicionales es la velocidad. Mientras que un actor monolítico como Western Union mediante sus canales presenciales puede tardar hasta tres días para realizar el depósito, dependiendo del país al que se envía, las aplicaciones fintech se demoran considerablemente menos. En el caso de Vita Wallet, la recarga en la billetera electrónica se realiza, en el peor de los casos, en 20 minutos y la transferencia se procesa en menos de 16 horas hábiles o, en casos como México y Venezuela, los pagos se realizan en tiempo real.

Por otra parte, Zambrano afirma que, en comparación a un proveedor tradicional, el proceso del envío a través de Vita Wallet es “10 veces más fácil, ya que la persona no necesita hacer fila, sacar el dinero en efectivo de un cajero, ir hasta la agencia y pagar, sino que con la aplicación tienes una experiencia 100% digital e inmediata”.

Finalmente, mientras los actores tradicionales y operadores móviles en América Latina cobran alrededor del 6% y 3% del importe total, respectivamente según el Fondo Monetario Internacional (FMI), Vita Wallet no cobra comisión por la transferencia, sino que sus utilidades la obtienen a través de las tasas de cambio un poco más altas que el del mercado y obtener retorno de la diferencia.

Sobre otros rieles

En 2019, al fundar la plataforma preferida por Antonio José Linares Henríquez para sus remesas, la tesis del CEO de Valiu Simón Chamorro era la siguiente: la hiperinflación de Venezuela iba a dolarizar el sistema económico y la crisis económica del país llevaría a que su principal fuente de ingreso sean las remesas. No estuvo muy equivocado: la corriente de emigrantes venezolanos no parece que vaya a cesar pronto y las remesas que entran al país consisten ya el 5% del PIB nacional, según datos de The Dialogue de mayo de 2020. Además, proveedores de remesas tradicionales, como Western Union, han suspendido sus servicios en el país, mientras que el gobierno de Nicolás Maduro bloqueó a plataformas de cambio de divisa, como Coinbase y MercaDolar.

De esa manera, el venezolano propuso democratizar el acceso de cuentas en dólares en Venezuela. “Decidimos utilizar las remesas de los migrantes como un vehículo para ayudar a los venezolanos, ya que es su principal fuente de ingresos”, dice Chamorro. “Pero, en vez de enviar bolívares que se devalúa cada día, facilitamos el envío de dólares a través del blockchain”, agrega.

En específico, la plataforma ofrece Valiu Dólares. Se trata de una criptomoneda respaldada en stablecoins, que son criptomonedas asociadas a una moneda fiduciaria, como el dólar o el euro, creadas para reducir la volatilidad de las monedas virtuales, como el USDC (USD Coin). Esta fue recientemente escogida por VISA para apoyar sus propias transacciones de criptomonedas.

El usuario puede comprar o vender Valiu Dólares con pesos colombianos o bolívares venezolanos, enviarlos a otro usuario que tenga la aplicación y este retirarlos con su moneda nacional.

“El primer cambio lo hice asustado. La app apenas tenía dos meses de creación y no tenía mucha reputación en Google Play. Pero el giro fue súper bueno, súper rápido y lo mejor era que cobraban los saldos directamente de mi cuenta de banco y no necesitaba ir a depositar en efectivo a una agencia o banco”, dice Antonio José Linares Henríquez, quien usa Valiu para enviar el dinero que gana como conductor de Uber Eats a su madre desde Colombia. Además permite a su familia en Venezuela dejar Valiu Dólares en su billetera electrónica y cambiarlo a bolívares sólo cuando sea necesario, protegiéndose así de la inflación. “Le envío US$ 40 en un día, usa US$ 10 hoy y deja el resto para ir al mercado o farmacia más adelante. Con otros métodos, si cambio US$ 40, le van a llegar US$ 40 en bolívares, pero si mañana la tasa de cambio sube, esa plata se devalúa”, agrega.

Actualmente, Valiu cobra comisión en el proceso de depositar o retirar dinero, ya que su modelo de negocio es transaccional y necesita pagar a las pasarelas de pagos asociadas, quienes cobran una tarifa por cada transacción. Pero la compañía ya está construyendo su propio sistema basado en blockchain para reemplazar las pasarelas y dejar de cobrar el monto, como también un sistema para que su servicio gratuito de transferencia peer-to-peer (P2P) de Valiu Dólares entre los usuarios de la aplicación se expanda hacia los comercios para que puedan aceptar la criptomoneda para sus negocios.

“Las remesas es un espacio donde hay mucho que hacer. Está muy fragmentado porque es un negocio de mover dinero entre dos regulaciones, con dos bancos centrales y con una cantidad ridícula de intermediarios”, dice Chamorro. “El principal objetivo del blockchain es eliminar el intermediario y la intermediación, ya que un middleman tiende a ser el que centraliza el poder, los datos y pone los precios. Si entendemos esto, eliminamos el intermediario y generamos un acuerdo entre dos personas basado en las matemáticas, a nivel exponencial, puede afectar la política e incluso cómo la sociedad funciona”, agrega.

Altas murallas en la frontera

Al ser un mundo fragmentado, la industria de las remesas internacionales todavía tiene una alta barrera que parece imposible disrumpir. Según el estudio Sending Money Home, “la cuota de mercado está cada vez más concentrada, en la actualidad el 35%, en tres operadoras mundiales de transferencias de dinero (MoneyGram, RIA y Western Union).

Por ejemplo, Western Union domina un poco más del 10% de todas las remesas globales y en el mayor corredor de remesas del mundo –entre Estados Unidos y México– posee casi el 20% del mercado. Además, su servicio digital de remesas está creciendo rápidamente. Según su reporte del último trimestre de 2020, el ingreso por servicios digitales aumentó 45% respecto al mismo periodo de 2019 y supuso el 21% del negocio de su segmento retail.

Por otro lado, han surgido importantes empresas digitales, como WorldRemit, Wise (ex TransferWise) y Xoom de PayPal, pero no son estimados como amenazas para Western Union. Según dijo en 2019 Odilon Almeida, presidente de transferencia global de dinero de Western Union, “esas fintech no pueden ser consideradas ‘jugadores de largo plazo’, por los desafíos que enfrentan al escalar sus negocios y en formar relaciones con instituciones financieras y el ecosistema de pagos. Los inversionistas de riesgo tienen paciencia limitada también”.

En el caso de las criptomonedas, pese que existen startups grandes –como el mexicano Bitso, que recientemente levantó US$ 62 millones en su serie B y fue el responsable de transaccionar US$ 1.000 millones de los US$ 36.000 millones del flujo de remesas de Estados Unidos a México, según el informe Blockchain 2021 de Finnovista – el blockchain continúa siendo un método bastante poco popular como métodos de pagos y mucho menos de remesas.

Según BID LAB, todavía solo el 20% de los latinoamericanos prefieren servicios en línea o aplicaciones móviles para enviar remesas y su explicación no es la falta de acceso o desconocimiento de la tecnología digital, sino, hasta cierto punto, la inercia. “Si la persona se siente cómoda en su método actual, probablemente no considerará o aprenderá nuevas formas de envío de dinero”.

Por otro lado, el 2020 LATAM Fintech Report de KoreFusion concluye que las compañías de remesas y de cambio de divisas fueron el penúltimo segmento favorecido por los inversionistas, mientras el blockchain fue el último. Según el estudio, todavía hay baja inversión. En 2020, ambas categorías levantaron aproximadamente US$ 10 millones, respectivamente, en comparación a los U$ 4.020 millones del vertical de pagos y US$ 1.950 millones de préstamos.

Pero, como todas las áreas que han experimentado una aceleración de sus procesos digitales, la industria de las remesas digitales ha ganado un nuevo grupo de clientes. Tal como Vita Wallet, Valiu también experimentó un crecimiento exponencial, desde 3.000 usuarios en enero de 2020 a 30.000 a finales del año, y está preparando su arribo a Estados Unidos en los próximos meses y ofrecer servicios al principal destino de la diáspora venezolana.

Y no solo está la oportunidad de ofrecer servicios a un número creciente de migrantes, sino también a las compañías con empleados transfronterizos. De hecho, Vita Wallet comenzó como un proveedor de pagos con código QR, pero rápidamente modificó su modelo de negocio hacia las remesas, al comprender que su propia necesidad de pagar sus empleados dispersos en distintas partes del mundo lo compartían sus colegas del portafolio de Magical Startups (la aceleradora chilena a la que el startup es parte) y también otras compañías. Actualmente cuenta con más de 100 clientes corporativos.

Además, según Statista, los países latinoamericanos se encuentran entre aquellos que ven más favorablemente las criptomonedas, mientras que una encuesta de Visa afirma que el 78% de los consumidores van a usar nuevas tecnologías de pagos en el futuro, inclusive las criptomonedas.

“El mayor desafío es la confianza, tanto en el origen del envío como en la recepción, y se adquiere mediante el fortalecimiento de una marca, la introducción de una regulación que pueda dar certeza a los usuarios y la oferta a un precio competitivo”, dice Andrés Fontao. “La madurez del ecosistema fintech está llegando a un punto donde la adopción de soluciones va a ser exponencial y forzará a los actores tradicionales a reinventarse o quedarse fuera”, agrega.

Según Antonio Linares, este cuarto año como migrante en Colombia ya es un año estable. Consiguieron una residencia definitiva, tiene un trabajo que le gusta y su esposa se siente cómoda trabajando como psicóloga, atendiendo a pacientes desde su casa. Por lo menos ahora no tienen planes de volver, “porque es duro” y ya sueñan comprar una casa en el país a corto o mediano plazo.

Entre sus planes, el envío de dinero a su familia siempre ha sido parte importante y Linares afirma preferir la aplicación para realizarlo. Ya ha enviado US$ 500, hasta US$ 1.000, que equivale aproximadamente tres sueldos mínimos de Colombia. “Realmente necesitas confianza para enviar esa cantidad de dinero”, dice.