
Felipe Hirane, CFO de Maxxa, fintech especializada en la liquidez para pymes, ejemplifica este escenario señalando que “una distribuidora que vende $30 millones mensuales y espera llegar a $50 millones en diciembre debe invertir $15 millones adicionales en inventario para responder a la demanda. Sin embargo, mientras paga a sus proveedores a 30 días, sus clientes lo hacen a 60 o 90 días, lo que genera un desfase de ingresos”.
Es así que, dice, “ahora es cuando se define todo. Si la pyme conoce sus números a comienzos del trimestre, cuando todavía tiene margen para cobrar, renegociar o buscar financiamiento en buenas condiciones, puede terminar el año tranquila”.
Con todo, Hirane propone cinco indicadores financieros que las empresas deberían revisar de aquí a diciembre, incluso si están vendiendo bien:
Capital de trabajo: es el activo corriente menos el pasivo corriente, y permite saber si la empresa cuenta con suficiente respaldo para mantener su operación diaria. Señal de alerta: que sea negativo o que venga cayendo mes a mes.
Razón corriente: es el activo corriente dividido por el pasivo corriente, y ayuda a evaluar la capacidad de pago de la pyme. Señal de alerta: que esté bajo 1, porque significa que las deudas de corto plazo superan los recursos para cubrirlas.
Prueba ácida: es la misma razón corriente, pero sin contar el inventario, y muestra si la empresa podría pagar sus compromisos sin depender de vender lo que tiene en bodega. Señal de alerta: una diferencia exagerada con la razón corriente indicaría que la liquidez está en un inventario que todavía hay que vender y cobrar.
Ciclo de conversión de efectivo: es el número de días que pasan desde que la empresa paga a sus proveedores hasta que recupera ese dinero de sus clientes. Se calcula sumando los días de inventario y los días de cobro, y restando los días de pago a proveedores. En el caso de la distribuidora, con 60 días de inventario, 75 de cobro y 30 de pago, el ciclo supera los 100 días: más de tres meses financiando la operación con recursos propios. Señal de alerta: que se alargue respecto al año anterior o que aumente en los meses de mayor venta.
Flujo de caja proyectado: corresponde a la estimación del dinero que ingresará y saldrá del negocio, considerando las fechas efectivas de cobro (no las de facturación) y los compromisos financieros. Esta puede ser mensual o incluso semanal, pero muy importante es darle un horizonte de tiempo concreto en el que se pueda reaccionar frente a desafíos de caja. Señal de alerta: cualquier semana con saldo negativo, porque ese es el descalce que hay que resolver antes de que llegue.