Déficit de inversionistas de riesgo complica el surgimiento de “unicornios” en Chile

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Pese al desarrollo del ecosistema de emprendimiento en el país, aún el mercado local no se compara con el de Brasil y Argentina en su capacidad de producir este tipo de compañías. Aunque hay varios factores que podrían estar incidiendo, los expertos son cautos y afirman que alcanzar esta categoría no debiera ser la única medida del éxito para una nueva empresa. No hay que menospreciar los parámetros más clásicos, como eficiencia, capacidad de generar ingresos y rentabilidad.


Contar con experiencia previa, leer los mercados de forma comercial y tener una obsesión por crecer. Esas son, según el gerente comercial de Rappi en Chile, Francisco Apparcel, las razones de por qué la startup colombiana que hace entregas de comida a domicilio pudo convertirse en menos de 4 años, en el primer unicornio de su país. Hoy está valorizada en más de US$ 1.000 millones de dólares. 'Los fundadores de Rappi ya habían desarrollado una empresa anteriormente, y eso les ayudó en entender la forma de hacer negocio. Analizar las necesidades que habían en la región y tener metido en el ADN el crecimiento ayudaron a que hoy estemos en más de nueve países y que este sea un modelo escalable a nivel mundial', explica.

Una empresa con una significativo componente tecnológico y que en poco tiempo alcanza una valorización de mercado igual o superior a US$ 1.000 millones.

Esta es la definición de una 'startup unicornio', un concepto surgido en 2013 y que alude a ese animal que en la mitología era único muy raro de observar... al igual que estas empresas. De hecho, se estima que en el mundo hay menos 400 y que de ellas, solo una veintena han surgido en Sudamérica.

A nivel regional, Brasil es el país con más unicornios (11), siguiéndole Argentina (5). Puede resultar llamativo, considerando las crisis que han afectado en los últimos años a esas economías, pero factores como el tamaño de sus mercados y su gran cantidad de emprendedores habrían inclinado la balanza a su favor, creen los expertos.

En Chile, la empresa Crystal Lagoons —creada en 2007 por Fernando Fischmann y que ideó una fórmula para generar piscinas cristalinas— alcanzó la categoría de unicornio al primer año de existencia, cuando el Boston Consulting Group la valoró en más de US$ 1.800 millones. Hoy tiene más de 200 proyectos en más de 50 países del mundo.

Sin embargo, pese a que el país tiene un 'unicornio' incluso previo a que se creara el concepto, desde entonces no han surgido otros, pese a la fortaleza relativa de la economía chilena en la región y al pujante desarrollo de un ecosistema de emprendimiento.

El factor financiero

'Los unicornios, en general, son casos raros. Claro, si tiras muchas monedas al aire, tarde o temprano alguna va a caer, pero no es el objetivo. Un unicornio es un reflejo de la capacidad de un ecosistema de generar emprendimiento de alto impacto en volumen y tamaño', sostiene Roberto Musso, presidente de la aceleradora de startups Digevo Group. A su juicio, hay un tema crítico que complica el surgimiento de estas compañías en el país: 'En Chile, estamos bastante desarrollados como ecosistema, pero a nivel de financiamiento, la verdad es que seguimos siendo un país pobre. Tenemos US$ 600 millones acumulados en los fondos de inversión apoyados por Corfo y eso no es mucho. Faltan inversionistas comprometidos', expresa

Fortalecer la industria de capital de riesgo es clave también en la mirada de Pablo Terrazas, vicepresidente ejecutivo de Corfo. 'Hoy, la industria del capital de riesgo en Chile es débil y esto genera que no haya inversión en startups y es difícil que los emprendimientos en Chile vayan valorizándose a grandes niveles como en Estados Unidos o donde hay más unicornios, como en Israel y Europa. Un híbrido que se podría dar en Chile es el corporate venture capital, que son empresas grandes que financian emprendimientos potentes. Creemos que ese puede ser un llamado de atención al sector privado, porque hay cambios generacionales y tradicionales disruptivos', asegura.

El punto es relevante, precisamente, porque pese a sus dificultades económicas, las startups de Argentina y Brasil han sido más rápidas que las chilenas en atraer a este tipo de inversionistas extranjeros. De hecho, gran parte de sus unicornios cuentan con financiamiento de ese tipo de fondos. Julie Ruvolo, directora de Venture Capital de Lavca, organización que apoya el capital privado y el capital riesgo en América Latina, nota una tendencia creciente en esa dirección: 'Hemos anotado una frecuencia de inversiones de venture capital en la región desde 2017 y desde entonces hemos observado con más frecuencia el crecimiento de estos unicornios'.

Para los expertos, varias razones están detrás de que ese flujo hacia startups chilenas aún no sea tan grande. Una de ellas es legal. 'Los fondos norteamericanos en general son más transparentes. Una vez que invierten, lo hacen público y a qué valores. En Chile, no se podría dar esa información por una razón legal, porque todos los fondos de venture capital son privados y por una norma de la Ley Única de Fondos, no pueden publicar los retornos que obtienen e inversiones que realizan. Si existiera un unicornio, podríamos no saber, porque las empresas no están obligadas a contarlo, y los fondos no lo pueden decir', subraya Cristóbal Silva, director de la Asociación de Fondos de Inversión (Acafi).

De todos modos, hay miradas optimistas. 'Hace siete años había solo dos fondos de venture capital, hoy hay más de 25 que están invirtiendo y pensando en grande. Hoy tenemos más de 5 mil startups y casos como NotCo y Cornershop son buenos ejemplos. Chile podría llegar a tener más unicornios', afirma Iván Vera, presidente de la aceleradora de innovación corporativa Innspiral.

De todos modos, en Acafi creen que es importante no convertir la aparición de unicornios en la única medida del éxito del ecosistema chileno. 'No tener muchos no es bueno ni malo, es una realidad. Influye por el tamaño de mercado, ya que aquí necesitas juntar la economía de muchos países para tener uno', afirma Cristóbal Silva. Y añade que es preferible pensar en tener muchas empresas donde la eficiencia, la capacidad de generar ingresos y la rentabilidad del negocio sean la base del negocio: 'Lo que falta es tener compañías con etapas de crecimiento, con empleos de calidad, rentabilidad y que ayudan a cuidar el planeta y medio ambiente'.